El cielo abajo se vino
Para que todos entendieramos
Que desde acá ya estamos
Más allá de lo divino.
Cada acción es inmanente,
Pero más importa la luz que refleja
O la eterna huella que deja
El ejercicio de la mente.
Nos han enseñado una teoría,
Pero olvidamos que en realidad
El secreto esta en la memoria.
No se puede asegurar una deidad,
Pero palabras de trascendencia
Son palabras que viven de verdad.
Sonnet I
martes, octubre 16, 2007
The scene inside me boils with sudden stillness.
A sip from the cup you lend
Holds betrayal as my venomous end.
By poison I have been slain, it is no other illness.
I did not know what fate would hold.
Too quickly acts this cursed wine,
It rips my soul and breath from time.
As love, through treason, becomes cold.
Like a candle’s light extinguished
My life’s been blown away.
In mortal figure I here lay
As my story thus is finished.
I hope your life’s something worth more than a thousand years’ deceit
For me there is no remedy, for through the heart I have been hit.
A sip from the cup you lend
Holds betrayal as my venomous end.
By poison I have been slain, it is no other illness.
I did not know what fate would hold.
Too quickly acts this cursed wine,
It rips my soul and breath from time.
As love, through treason, becomes cold.
Like a candle’s light extinguished
My life’s been blown away.
In mortal figure I here lay
As my story thus is finished.
I hope your life’s something worth more than a thousand years’ deceit
For me there is no remedy, for through the heart I have been hit.
Slide the Night
lunes, septiembre 10, 2007
The boat was at dock, yet the party on board was sailing towards the night's horizon. Rain was pouring violently, giving the air a humid tightness of warmth and cold. Our feet tap, tap, tapped, nonstop against the dance floor, creating a song all of their own. You could spin and slide, jump and glide, slip of fly. As the night went further, our souls became damp with the bittersweet taste of liquor. The music was and undeniable invitation and so we were carried away by the warm hands of best friends. Droplets of rain and droplets of sweat became once altogether in the slippery floor. Ir was a challenge to turn and spin and turn again, keeping track of your feet as well as your head. Our bodies grew wearier but the rhythm grew stronger, and so the fun pushed on. Our hearts pounded with the rain's beat and the wind brushed every defect away. The song carried the breeze into every corner of the moment's dimension. Our minds grew dizzy with euphoria. There was no need for imagination then, for it could not have pictures merrier times.
Fénix
jueves, septiembre 06, 2007
El nunca supo su nombre, ella nunca supo el suyo. Separados por sus mismas existencias, vivían un amor cotidiano y místico al mismo tiempo. La niña del cabello desordenado y la sonrisa de ángel pasaba todos los días por su jardín. Cada mañana al verla, el se llenaba de euforia y cantaba las notas mas maravillosas y jamás imaginadas en la mortalidad. Ella conocía la melodía, y transpiraba con emoción cada vez que la oía, pero nunca supo de donde provenía. Nunca quiso dejar aquel triste y abandonado jardín, por el consuelo de ver a la muchacha todos los días intercambio ver un mundo nuevo cada día. Axial renunciando a su vuelo, renunciaba también a su divinidad.
La niña creció y se convirtió en mujer, mientras el ave no perdía ni una pluma y los anos parecían solo pasar por su lado. Con el cabo del tiempo la muchacha cada vez cruzaba menos a menudo el mágico jardín, hasta que nunca volvió. El ave se lleno de tristeza y solo anhelaba el día en que las llamas lo consumieran. Esperaba la combustión espontánea de sus emociones. Los días pasaron y su aflicción ahogo su canción.
Una mañana, creyó ver a la niña a quien amaba. La vio venir y con ansias esperaba que se acercara, sin embargo algo mas parecía estar en su mente, y ella repentinamente dio vuelta y corrió lejos de allí. Una vez mas devastado, pidió muchas veces el fuego.
Días más tarde, el ave despertó al alba oyendo un tarareo que se acercaba. Abrió sus ojos a la luz y sintió que se llenaba el vacío que había tenido por tanto tiempo dentro de si. Aquella sonrisa se hacia canto. La mujer que se avecinaba, con su cabello desarreglado y hermoso irradiaba la energía de la canción que había sido suya hacia tanto tiempo.
En ese momento, el fénix sintió lo que había añorado, pero que ahora temía. Su cuerpo se calentó y en instantes era un incendio que consumía plumas, jardín y niña. El amor ardió.
El viento que cargaba las cenizas traía consigo a su vez una minúscula vocecita de niña. A medida que el estruendo de las llamas se opacaba, el temor en la voz aumentaba. Llantos danzaban al rededor de las cenizas. A medida que las lagrimas de la pequeña comenzaron a llover sobre el suelo, una melodía empezó a irradiar tímidamente. El inicio de un círculo sin fin mostró su rostro de pichón. La canción distrajo a la niña quien se pregunto de donde venia. Al cabo de un tiempo de estar escuchando, tomo conciencia de que era un júbilo por todos aquellos que habían amado a su madre.
El nuevo fénix hallo a la niña entre la densidad del aire y viendo una sonrisa formarse en las esquinas de su boca sintió que un ángel lo había invitado a comenzar de nuevo. A pesar de no recordar nada previo a su cenizo origen, el ave sabia que amor existía y que su canción lo preservaría.
La niña creció y se convirtió en mujer, mientras el ave no perdía ni una pluma y los anos parecían solo pasar por su lado. Con el cabo del tiempo la muchacha cada vez cruzaba menos a menudo el mágico jardín, hasta que nunca volvió. El ave se lleno de tristeza y solo anhelaba el día en que las llamas lo consumieran. Esperaba la combustión espontánea de sus emociones. Los días pasaron y su aflicción ahogo su canción.
Una mañana, creyó ver a la niña a quien amaba. La vio venir y con ansias esperaba que se acercara, sin embargo algo mas parecía estar en su mente, y ella repentinamente dio vuelta y corrió lejos de allí. Una vez mas devastado, pidió muchas veces el fuego.
Días más tarde, el ave despertó al alba oyendo un tarareo que se acercaba. Abrió sus ojos a la luz y sintió que se llenaba el vacío que había tenido por tanto tiempo dentro de si. Aquella sonrisa se hacia canto. La mujer que se avecinaba, con su cabello desarreglado y hermoso irradiaba la energía de la canción que había sido suya hacia tanto tiempo.
En ese momento, el fénix sintió lo que había añorado, pero que ahora temía. Su cuerpo se calentó y en instantes era un incendio que consumía plumas, jardín y niña. El amor ardió.
El viento que cargaba las cenizas traía consigo a su vez una minúscula vocecita de niña. A medida que el estruendo de las llamas se opacaba, el temor en la voz aumentaba. Llantos danzaban al rededor de las cenizas. A medida que las lagrimas de la pequeña comenzaron a llover sobre el suelo, una melodía empezó a irradiar tímidamente. El inicio de un círculo sin fin mostró su rostro de pichón. La canción distrajo a la niña quien se pregunto de donde venia. Al cabo de un tiempo de estar escuchando, tomo conciencia de que era un júbilo por todos aquellos que habían amado a su madre.
El nuevo fénix hallo a la niña entre la densidad del aire y viendo una sonrisa formarse en las esquinas de su boca sintió que un ángel lo había invitado a comenzar de nuevo. A pesar de no recordar nada previo a su cenizo origen, el ave sabia que amor existía y que su canción lo preservaría.
Sin Palabras
miércoles, agosto 08, 2007
Como musico sin guitarra,
Como un rio sin agua,
Bailarin sin zapatillas,
Como tierra sin semillas.
Como rosa sin petalos,
Como mano sin dedos,
Viajero sin destino,
Como copa sin vino.
Como un bebe sin cuna,
Como la tierra sin su luna,
O un hombre sin un nombre,
Como un corazon de cobre.
Como un rio sin agua,
Bailarin sin zapatillas,
Como tierra sin semillas.
Como rosa sin petalos,
Como mano sin dedos,
Viajero sin destino,
Como copa sin vino.
Como un bebe sin cuna,
Como la tierra sin su luna,
O un hombre sin un nombre,
Como un corazon de cobre.
Fatal Word
jueves, julio 12, 2007
"Silence!" She shouted. She must've been sick of our fighting.
"Sorry Mother,"we said together, yet the glare remained upon her face.
"It is not enough to be sorry! You have no idea what you were about to do! Absolutely no idea!" And then her voice began to tremble and her angry expression changed swiftly to depression. Before we knew it she buried her face in her hands. "Oh, the tragedy!" She kept mumbling between sobs, "If you only knew..."
My brother an I stared at each other in puzzlement. We, in fact, did not know what she meant. We both knew that we weren't supposed to know the word, yet both of us failed to understand the gravity of it, or what made it Fatal. We were only fooling around after all, what could be so troubling about one piece of paper?
Yet ever since Father had to leave she had become very emotional, almost fragile. And I could swear every now and then, when she though nobody could see her, discreet tears would slide down her unhappy face.
We were about to say something in comfort when the door slammed open. As Grandpa came in, mother immediately tried to compose herself, though feeble the attempt. I thought slight fear shaded her face now.
Grandpa walked into the room as calmly as ever. He ignored mu unstable mother and instead approached us. We were nervous about what he would say too, since Father left he had become rather silent. His eyes immediately fixed upon my closed fist. He grabbed my arm and forced my hand open, he quickly snatched the crumbled paper and before either of us could protest, turned his back and strode away.
My brother gave me a nudge whose meaning I could not ignore. I trotted behind Grandpa and as I caught up with him he spun around. I guess he could see the question in my face, for he solemnly spoke,
"About this word," he said pointing at the paper, "I shall say no word."
I stood there, knowing there was no case, and Grandpa walked away.
I went back into the room and in response to my brother's anxious face I just shook my head and climbed into my bed. There wouldn't be much rest tonight, I knew, yet I was desperate for it. Brother turned off the light, but did not move for a while, and even through the darkness I could feel his cold stare. Then he walked towards my bed, not his, and knelt beside me.
"It is no secret," he spoke softly. "That word, the Fatal Word." I gave him only a sleepy grunt in response, but he went on, "I memorized it, I can speak it."
The air suddenly seemed colder and I sat upright to face him.
"What?" I asked incredulously. "Brother just leave it, didn't you see all the fuss Mother made earlier. It must be the Fatal Word for some reason. Just go to sleep."
"No. You're just saying that because you're scared. Well, I may be the youngest, but then I am also the bravest. I'm not afraid of anything."
"I'm not afraid either! I just don't trust what I don't know..." The room fell silent for a while and then I broke the chill between us by asking, "Why are you so interested in it anyways?"
Brother seemed to think twice of it before answering, then he said, "I dunno. I'm just curious I guess. Why should it be unspeakable?" Then he stood up and his expression seemed to change from curiosity to resolution. He spoke in a defiant tone, "I'm gonna do it. I'm gonna say it."
I felt too tired to express actual interest in this new dare my brother was imposing. I simply mumbled, "Give it a rest, please." But he seemed not to hear me.
"D... d... d.... dea," he seemed to be quivering all of a sudden, he shook as if the word was struggling not to come out of him.
"Stop!" I said, but it was too late.
"DEATH!" He managed to utter, and before the word had left his pale lips, his eyes shone with a red glare and he quickly sank into the floor with a ghostly wail. A light mist seemed to cover his still body, and then rapidly diffuse around the dark room.
I gave a scream and dropped next to him. His body was awfully cold. I kept yelling, and ever more violently as I saw my brother's blank expression.
Then, the door burst oped and Grandpa came in. His face was horror stricken as he saw us on the floor. Then Mother came in too, and her scream was even more unbearable than mine. She cried all sorts of incomprehensible things. I could not hear any of it. Panic flooded my insides and nothing made any sense.
I looked up to my mother who was uncontrollable, then to my grandfather who was unmovable, and lastly to my younger brother who was beyond all of us, now part of another world. A world linked to us only through one Fatal Word.
Grandpa walked into the room as calmly as ever. He ignored mu unstable mother and instead approached us. We were nervous about what he would say too, since Father left he had become rather silent. His eyes immediately fixed upon my closed fist. He grabbed my arm and forced my hand open, he quickly snatched the crumbled paper and before either of us could protest, turned his back and strode away.
My brother gave me a nudge whose meaning I could not ignore. I trotted behind Grandpa and as I caught up with him he spun around. I guess he could see the question in my face, for he solemnly spoke,
"About this word," he said pointing at the paper, "I shall say no word."
I stood there, knowing there was no case, and Grandpa walked away.
I went back into the room and in response to my brother's anxious face I just shook my head and climbed into my bed. There wouldn't be much rest tonight, I knew, yet I was desperate for it. Brother turned off the light, but did not move for a while, and even through the darkness I could feel his cold stare. Then he walked towards my bed, not his, and knelt beside me.
"It is no secret," he spoke softly. "That word, the Fatal Word." I gave him only a sleepy grunt in response, but he went on, "I memorized it, I can speak it."
The air suddenly seemed colder and I sat upright to face him.
"What?" I asked incredulously. "Brother just leave it, didn't you see all the fuss Mother made earlier. It must be the Fatal Word for some reason. Just go to sleep."
"No. You're just saying that because you're scared. Well, I may be the youngest, but then I am also the bravest. I'm not afraid of anything."
"I'm not afraid either! I just don't trust what I don't know..." The room fell silent for a while and then I broke the chill between us by asking, "Why are you so interested in it anyways?"
Brother seemed to think twice of it before answering, then he said, "I dunno. I'm just curious I guess. Why should it be unspeakable?" Then he stood up and his expression seemed to change from curiosity to resolution. He spoke in a defiant tone, "I'm gonna do it. I'm gonna say it."
I felt too tired to express actual interest in this new dare my brother was imposing. I simply mumbled, "Give it a rest, please." But he seemed not to hear me.
"D... d... d.... dea," he seemed to be quivering all of a sudden, he shook as if the word was struggling not to come out of him.
"Stop!" I said, but it was too late.
"DEATH!" He managed to utter, and before the word had left his pale lips, his eyes shone with a red glare and he quickly sank into the floor with a ghostly wail. A light mist seemed to cover his still body, and then rapidly diffuse around the dark room.
I gave a scream and dropped next to him. His body was awfully cold. I kept yelling, and ever more violently as I saw my brother's blank expression.
Then, the door burst oped and Grandpa came in. His face was horror stricken as he saw us on the floor. Then Mother came in too, and her scream was even more unbearable than mine. She cried all sorts of incomprehensible things. I could not hear any of it. Panic flooded my insides and nothing made any sense.
I looked up to my mother who was uncontrollable, then to my grandfather who was unmovable, and lastly to my younger brother who was beyond all of us, now part of another world. A world linked to us only through one Fatal Word.
Secretos para un fin de semana
miércoles, junio 20, 2007
Hay pocas cosas que me hacen más feliz que maravillarme con lo especial de lo cotidiano y encontrar un lenguaje único para expresar cada sensación. He aquí una serie de detalles que forman los secretos para un fin de semana.
Los lazos de sangre son nudos ciegos. Por eso entre familia se ve a las personas con una comprensión mas allá de los sentidos. Por eso nadie deja de quererte.
El que trazó las carreteras colombianas tenía menos pulso que quien hizo las montanas que atraviesan. Todo contribuye a un mareo ineludible que entre el dolor de cuello y el sueño que no se alcanza termina obligándote a olvidar si la derecha es la izquierda o en que sentido vas.
Las montanas están hechas de algo más que papel maché, tienen un calor que llena el aire y delimita el cielo, apretándote en un protectivo abrazo.
Consigue a alguien que sujete tu mano cuando la montaña esconda al sol y el viento llame tu nombre desde más allá del precipicio, por que en este momento tu cordura no dará abasto.
Pocas son las noches en que la luna te sonríe, sin embargo nunca puede faltar que tú le sonrías a ella.
El camino continúa y tú eres inmune siempre y cuando las ruedas rueden.
Llegas a aquel pueblito pequeñito de piedras viejas y personas rasgadas, somos huéspedes de la cultura perenne de cada rincón.
Río abajo va tu cuerpo, pero ni las rocas ni el agua son amenaza cuando tu tranquilidad está a flote.
Noches de polvo: un buen libro, una buena canción, y caíste sin sentirlo y las velas se quedaron esperando el soplido.
¡No olvidar que para el paseo del día siguiente hay que madrugar a las 11!
Levántate a caminar entre piedras; no se sabe si han sido repartidas al azar o si alguien las regó por el lugar a propósito con ánimos de decorar el paisaje con prehistoria.
Caminito de tierrita, no importa como, los pies igual rinden.
En la cueva, da lo mismo abrir que cerrar los ojos. Tus pulmones inhalan oscuridad mientras tu corazón reta a los milenios que formaron tal error.
Parece mentira salir a respirar aire del cielo, encontrarse de nuevo en la superficie de lo real, de lo terreno.
El firmamento ruge y cruje en el clímax del enfado. Amenaza con su cortina de lluvia que flamea en el viento, y gotas que juegan a ser balas perdidas.
El acercamiento a la sencillez no podía ser más impactante, por que bajo una tormenta, todos agradecemos un techo por encima de nuestras cabezas, sin importar las diferencias.
Vuelves a recordar lo fácil que era caerse, lo fácil que era reírse, y como ante un extraño no hay nada mas confortante de que un abrazo de tu mamá o agarrarse de la falda de la abuelita.
Manejando en contra del río, se pierde la cuenta de todo lo que ha caído, todo lo que va cuesta abajo y que nunca volverás a vivir.
De regreso a casa, una vez más bajo la noche, ves como las distantes luces de una que otra casita en las montañas se confunden armoniosamente con las estrellas en el firmamento.
Y piensas en lo sorpresivo que es el cielo y como se transforma cada momento. Sea azul, blanco, rojizo, claro, oscuro, estrellado, lunado, soleado, nublado, cargado, despejado, siempre es el mismo cielo, mirando de cualquier lado.
Los lazos de sangre son nudos ciegos. Por eso entre familia se ve a las personas con una comprensión mas allá de los sentidos. Por eso nadie deja de quererte.
El que trazó las carreteras colombianas tenía menos pulso que quien hizo las montanas que atraviesan. Todo contribuye a un mareo ineludible que entre el dolor de cuello y el sueño que no se alcanza termina obligándote a olvidar si la derecha es la izquierda o en que sentido vas.
Las montanas están hechas de algo más que papel maché, tienen un calor que llena el aire y delimita el cielo, apretándote en un protectivo abrazo.
Consigue a alguien que sujete tu mano cuando la montaña esconda al sol y el viento llame tu nombre desde más allá del precipicio, por que en este momento tu cordura no dará abasto.
Pocas son las noches en que la luna te sonríe, sin embargo nunca puede faltar que tú le sonrías a ella.
El camino continúa y tú eres inmune siempre y cuando las ruedas rueden.
Llegas a aquel pueblito pequeñito de piedras viejas y personas rasgadas, somos huéspedes de la cultura perenne de cada rincón.
Río abajo va tu cuerpo, pero ni las rocas ni el agua son amenaza cuando tu tranquilidad está a flote.
Noches de polvo: un buen libro, una buena canción, y caíste sin sentirlo y las velas se quedaron esperando el soplido.
¡No olvidar que para el paseo del día siguiente hay que madrugar a las 11!
Levántate a caminar entre piedras; no se sabe si han sido repartidas al azar o si alguien las regó por el lugar a propósito con ánimos de decorar el paisaje con prehistoria.
Caminito de tierrita, no importa como, los pies igual rinden.
En la cueva, da lo mismo abrir que cerrar los ojos. Tus pulmones inhalan oscuridad mientras tu corazón reta a los milenios que formaron tal error.
Parece mentira salir a respirar aire del cielo, encontrarse de nuevo en la superficie de lo real, de lo terreno.
El firmamento ruge y cruje en el clímax del enfado. Amenaza con su cortina de lluvia que flamea en el viento, y gotas que juegan a ser balas perdidas.
El acercamiento a la sencillez no podía ser más impactante, por que bajo una tormenta, todos agradecemos un techo por encima de nuestras cabezas, sin importar las diferencias.
Vuelves a recordar lo fácil que era caerse, lo fácil que era reírse, y como ante un extraño no hay nada mas confortante de que un abrazo de tu mamá o agarrarse de la falda de la abuelita.
Manejando en contra del río, se pierde la cuenta de todo lo que ha caído, todo lo que va cuesta abajo y que nunca volverás a vivir.
De regreso a casa, una vez más bajo la noche, ves como las distantes luces de una que otra casita en las montañas se confunden armoniosamente con las estrellas en el firmamento.
Y piensas en lo sorpresivo que es el cielo y como se transforma cada momento. Sea azul, blanco, rojizo, claro, oscuro, estrellado, lunado, soleado, nublado, cargado, despejado, siempre es el mismo cielo, mirando de cualquier lado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)