Después de oír el mismo timbrecito innumerables veces colgué y puse a un lado el teléfono. Pensé en recoger mis libros y tender mi cama. Luego volví a pensar en ti. Traté de justificar el desorden de mi casa. Luego traté de justificar por qué no habrías contestado. Me avergoncé de mi misma por no haberme bañado. Luego quise que tú te avergonzaras de ti mismo.
Horas después, con la toalla enrollada buscaba entre mi closet algo medio bonito, como para no sentirme tan feita. Pero otra vez había olvidado lavar mi ropa. Quise que tú no te hubieras olvidado de mí.
Salí a la calle arrastrando los pies y decidí ir a buscar un café. No había ido muy lejos cuando empezó a llover, muy suavecito. Traté de aligerar mi paso pero mi cuerpo no estaba de acuerdo. Con mal abrigo empecé a sentir más frío a medida que la lluvia aceleraba, pero una parte de mi estaba resuelta a seguir caminando despacito, mojándome. Mire hacia el cielo, de nuevo pensando en ti. Las gotas cada vez más gruesas y pesadas saludaron mi frente. Pensé que era bonito, y por un momento no supe si las gotas entraban o salían de mis ojos.
Pronto llegué a mi destino, pero no quería dejar atrás el camino. Me senté y pedí mí cafecito. La terraza del sitio estaba casi desierta, pero yo quería sentir mis cachetes quejarse congelados. Quería ver la lluvia caer, ya casi hecha diluvio. Quería que mis pensamientos bailaran al compás de las gotas, estallando frenéticamente con el asfalto de la calle. Quería que tú me quisieras.
Estuve ahí sentada un buen rato. A pesar de que me quemé la lengua con el café y poco lo disfruté. Desde chiquita había aprendido a no tomar con el pitillo de revolver, pero al parecer no pensé o lo olvidé. ¿Cuantas advertencias no recordamos hasta que ya es demasiado tarde? Llovió por más de una hora, y yo poco me moví. Pero por dentro, mi cabeza llovía también con recuerdos, más que todo tuyos.
Aprendí que así el cielo se derramara, yo seguiría pensando en ti. Y tal como la Gallinita Trula, recogí mis cosas y volví a casa, porque así no contestaras, te quería llamar.
Hail
martes, enero 23, 2007
With a whick of it's tail,
It's eyes turning pale,
Like the moan of a whale
Brought by the night's gale,
The phantom's grim wail
Came packed in the mail.
The cat's warning failed,
And so ends my tale.
It's eyes turning pale,
Like the moan of a whale
Brought by the night's gale,
The phantom's grim wail
Came packed in the mail.
The cat's warning failed,
And so ends my tale.
The Storm
martes, enero 16, 2007
The sea unfolded like a ravenous fiend. How dare we defy it? Heavy clouds gathered around us, ready for their vengeful strike. Cold, bitter drops drops came to us from above as much as from below. Waves splashed every corner. We were soaked from head to heels. The deep, dark, icy air made us numb. The crew was loosing control, our bodies too slow, too weak to fight against the Storm.
Never had our hearts dueled against such a mighty Tempest. Despite the continuous barks of encouragement from the captain, the men felt insignificant and powerless. Expressions of doom shadowed their tense faces. Our boat flinched with every strike from our enemy: the Elements. We felt like slaves sold to an unmerciful master, vulnerable, stumbling at the edge fo our defenses. Yet none of us lacked determination. An intrepid energy inside our tenacity kept us undaunted. The captain arbitrated our every move; but our instincts were stronger and most decisions were made as blood rushed and threatened to break out of our pulses. We had to fight, we wanted to fight. We had to dwell amidst the penetrating chill of wind and water, gust and splash. The promise of serenity vibrated inside our veins. Our hoping candles flickered. Would the glade and the flood extinguish their blaze?
The riot went on, past the hours of twilight. Many had drowned, their stuggling breaths wiped away, swallowed by an unforgiving sea. The sun shone smiles as some of us greeted the ethereal success of morning. Our flawling bodies were heavy with exhaustment, but out faulting hearts were heavier with sorrow. The battle had been ruthless, but surviving it would be worse. We would now be forever scarred and cursed as debris. Our minds were doomed before the tormenting sight of damp hands slipping away into the hungry mouth of the Tempest. Daylight brought not peace, it only uncovered the chaos neglected under the unyielding storm. Lives had vanished, like sugarcubes melted away by the rain.
Never had our hearts dueled against such a mighty Tempest. Despite the continuous barks of encouragement from the captain, the men felt insignificant and powerless. Expressions of doom shadowed their tense faces. Our boat flinched with every strike from our enemy: the Elements. We felt like slaves sold to an unmerciful master, vulnerable, stumbling at the edge fo our defenses. Yet none of us lacked determination. An intrepid energy inside our tenacity kept us undaunted. The captain arbitrated our every move; but our instincts were stronger and most decisions were made as blood rushed and threatened to break out of our pulses. We had to fight, we wanted to fight. We had to dwell amidst the penetrating chill of wind and water, gust and splash. The promise of serenity vibrated inside our veins. Our hoping candles flickered. Would the glade and the flood extinguish their blaze?
The riot went on, past the hours of twilight. Many had drowned, their stuggling breaths wiped away, swallowed by an unforgiving sea. The sun shone smiles as some of us greeted the ethereal success of morning. Our flawling bodies were heavy with exhaustment, but out faulting hearts were heavier with sorrow. The battle had been ruthless, but surviving it would be worse. We would now be forever scarred and cursed as debris. Our minds were doomed before the tormenting sight of damp hands slipping away into the hungry mouth of the Tempest. Daylight brought not peace, it only uncovered the chaos neglected under the unyielding storm. Lives had vanished, like sugarcubes melted away by the rain.
¿Te has preguntado?
domingo, diciembre 31, 2006
¿Cuantas personas has conocido? … ¿Cuales serán sus secretos?
¿Cuántos lugares has visitado? … ¿Qué se esconderá en los rincones?
¿Cuántos puentes has cruzado? … ¿Qué habría debajo de ellos?
¿Cuántas cosas has dicho? … ¿Cuáles serían mentira?
¿Cuántos libros has leído? … ¿Cuáles has olvidado ya?
¿Cuántas veces has triunfado? … ¿Quiénes te han ayudado?
¿Cuántas cosas has creado? … ¿Cuáles perdurarán?
¿Cuánta vida apagas con cada pisada? … ¿Cómo volverá a surgir?
¿Cuántos son tus sueños? … ¿Cuáles nunca despertarán?
¿Cuántas veces sonríe una persona? … ¿Cuáles son sus motivos?
¿Cuántas estrellas hay en el cielo? … ¿Cuándo se apagarán?
¿Cuántas lágrimas has derramado? … ¿Cuáles injustificadas?
¿Cuánto cariño te has ganado? … ¿Dónde no lo mereces?
¿Cuántas cosas has escrito? … ¿Quiénes las habrán leído?
¿Cuántos días has vivido ya? … ¿Cuántos has olvidado?
¿Cuántos años más vendrán? ... ¿Cuántos celebrarás?
¿Cuántos lugares has visitado? … ¿Qué se esconderá en los rincones?
¿Cuántos puentes has cruzado? … ¿Qué habría debajo de ellos?
¿Cuántas cosas has dicho? … ¿Cuáles serían mentira?
¿Cuántos libros has leído? … ¿Cuáles has olvidado ya?
¿Cuántas veces has triunfado? … ¿Quiénes te han ayudado?
¿Cuántas cosas has creado? … ¿Cuáles perdurarán?
¿Cuánta vida apagas con cada pisada? … ¿Cómo volverá a surgir?
¿Cuántos son tus sueños? … ¿Cuáles nunca despertarán?
¿Cuántas veces sonríe una persona? … ¿Cuáles son sus motivos?
¿Cuántas estrellas hay en el cielo? … ¿Cuándo se apagarán?
¿Cuántas lágrimas has derramado? … ¿Cuáles injustificadas?
¿Cuánto cariño te has ganado? … ¿Dónde no lo mereces?
¿Cuántas cosas has escrito? … ¿Quiénes las habrán leído?
¿Cuántos días has vivido ya? … ¿Cuántos has olvidado?
¿Cuántos años más vendrán? ... ¿Cuántos celebrarás?
Kisses + Sal
lunes, diciembre 18, 2006
Entendí
Que te gusta el chocolate
y el mango con sal.
Dime tú si quieres más
de mis besos,
mi fruta o mi sal.
Que te gusta el chocolate
y el mango con sal.
Dime tú si quieres más
de mis besos,
mi fruta o mi sal.
(Esto es más, o menos, un chiste. XD)
Night & Day
martes, noviembre 28, 2006
The right to Live we must pay,
ever as hosts of Day;
But our Souls shall take flight
When we are guests of Night.
ever as hosts of Day;
But our Souls shall take flight
When we are guests of Night.
Enamorate...
domingo, noviembre 26, 2006
Con el incesante timbre que te arrastra hacia la realidad.
Con la luz que cubre la cara de la ciudad poco después del amanecer.
Con la vocecita que te susurra al oído y te dice que es demasiado temprano como para que el día toque a tu puerta.
Con la alfombra de flores frescas que cubre el suelo.
Con las pepitas de cereal que tratan de escapar la cuchara cada mañana.
Con la fortuna y las placas que te dicen que él está pensando en ti.
Con la canción que sólo oíste a medias pero que retumba en tu cabeza por el resto del día.
Con cada lágrima que con gusto derramas viendo una película.
Con cada frase, cada punto o coma, del libro que lees.
Con la historia que no termina y te deja sedienta, colgando de un frágil hilo.
Con la sonrisa de los niños más desafortunados.
Con cada carita de Messenger, expresando las emociones de una verdad ciega.
Con cada pequeño click, abriendo universos enteros.
Con todas las veces que alguien se va si despedirse.
Con el coqueto bombillito que te dice que no hay Internet cuando más lo necesitas.
Con el minuto que nunca termina cuando tanto lo esperas.
Con la forma en que tus deditos se recogen para formar la punta perfecta.
Con cada gota de sudor deslizándose por tu cuello que hace valer tu esfuerzo.
Con el orgullo en la cara de tu padre cuando le mostraste que tenías músculos en los brazos.
Con el viento que te despeina frenéticamente.
Con el salpique del agua, y las gotas de cada momento que se posan en tus gafas y dislocan tus mirada.
Con las frases que lees y oyes.
Con lo que te demoraste en pensar.
Con los momentos que se resbalan por entre tus dedos, derramando tu vida, pero dejando tu memoria húmeda para siempre.
Con su tierno recuerdo.
Con las hipnóticas vueltas y figuras que hace el humo de su cigarrillo.
Con esa llamada que prendió una llama dentro de ti.
Con cada inútil chisme, en contra o a favor.
Con el veredicto.
Con cada comentario u opinión.
Con tu arte, con el ajeno.
Con las gotas de pocicle que caerán indebidamente si te demoras.
Con cada mueca, y con que te piquen el ojo.
Con esa foto que no te cansas de ver.
Con cada nueva lección que aprendes.
Con cada vieja lección que enseñas.
Con tu grupo, y lo descomplicado que se ha vuelto llevar a cabo un proyecto.
Con lo mucho que todos disfrutan esos proyectos.
Con el cacofónico "sawer".
Con cada aplauso.
Con las sonrisas de un público satisfecho.
Con cada babosada que escribes o lees.
Con todas las opciones (A, B, C, D) y el escaso tiempo.
Con las noticias que llegan tarde.
Con los sueños ajenos.
Con las horas de práctica, que nunca parecen ser suficientes.
Con los zapatos que pensaste que nunca podrías tener.
Con el exceso de rubor que te dejó tu amiga cuando decidió que quería maquillarte.
Con lo rico que huele su cuello.
Con la desquiciada cancioncita que nos regala la lluvia.
Con la envidia y las ganas de viajar, de conocer.
Con todo para lo cual nos hace falta tiempo.
Con la libertad que nunca será completa.
Con el café que ridículamente, te manda a dormir.
Con los millones de centelleantes lucecitas hasta en la cuidad más pequeñita.
Con el monótono ruido del ventilador que advierte desastre en una noche de intenso calor.
Con el contraste de tu almohada blandita y fría.
Con quien añora secretamente tu compañía.
Con todo lo que es irracional.
Con los sueños, fieles profetas de residuos cerebrales.
Con la luz que cubre la cara de la ciudad poco después del amanecer.
Con la vocecita que te susurra al oído y te dice que es demasiado temprano como para que el día toque a tu puerta.
Con la alfombra de flores frescas que cubre el suelo.
Con las pepitas de cereal que tratan de escapar la cuchara cada mañana.
Con la fortuna y las placas que te dicen que él está pensando en ti.
Con la canción que sólo oíste a medias pero que retumba en tu cabeza por el resto del día.
Con cada lágrima que con gusto derramas viendo una película.
Con cada frase, cada punto o coma, del libro que lees.
Con la historia que no termina y te deja sedienta, colgando de un frágil hilo.
Con la sonrisa de los niños más desafortunados.
Con cada carita de Messenger, expresando las emociones de una verdad ciega.
Con cada pequeño click, abriendo universos enteros.
Con todas las veces que alguien se va si despedirse.
Con el coqueto bombillito que te dice que no hay Internet cuando más lo necesitas.
Con el minuto que nunca termina cuando tanto lo esperas.
Con la forma en que tus deditos se recogen para formar la punta perfecta.
Con cada gota de sudor deslizándose por tu cuello que hace valer tu esfuerzo.
Con el orgullo en la cara de tu padre cuando le mostraste que tenías músculos en los brazos.
Con el viento que te despeina frenéticamente.
Con el salpique del agua, y las gotas de cada momento que se posan en tus gafas y dislocan tus mirada.
Con las frases que lees y oyes.
Con lo que te demoraste en pensar.
Con los momentos que se resbalan por entre tus dedos, derramando tu vida, pero dejando tu memoria húmeda para siempre.
Con su tierno recuerdo.
Con las hipnóticas vueltas y figuras que hace el humo de su cigarrillo.
Con esa llamada que prendió una llama dentro de ti.
Con cada inútil chisme, en contra o a favor.
Con el veredicto.
Con cada comentario u opinión.
Con tu arte, con el ajeno.
Con las gotas de pocicle que caerán indebidamente si te demoras.
Con cada mueca, y con que te piquen el ojo.
Con esa foto que no te cansas de ver.
Con cada nueva lección que aprendes.
Con cada vieja lección que enseñas.
Con tu grupo, y lo descomplicado que se ha vuelto llevar a cabo un proyecto.
Con lo mucho que todos disfrutan esos proyectos.
Con el cacofónico "sawer".
Con cada aplauso.
Con las sonrisas de un público satisfecho.
Con cada babosada que escribes o lees.
Con todas las opciones (A, B, C, D) y el escaso tiempo.
Con las noticias que llegan tarde.
Con los sueños ajenos.
Con las horas de práctica, que nunca parecen ser suficientes.
Con los zapatos que pensaste que nunca podrías tener.
Con el exceso de rubor que te dejó tu amiga cuando decidió que quería maquillarte.
Con lo rico que huele su cuello.
Con la desquiciada cancioncita que nos regala la lluvia.
Con la envidia y las ganas de viajar, de conocer.
Con todo para lo cual nos hace falta tiempo.
Con la libertad que nunca será completa.
Con el café que ridículamente, te manda a dormir.
Con los millones de centelleantes lucecitas hasta en la cuidad más pequeñita.
Con el monótono ruido del ventilador que advierte desastre en una noche de intenso calor.
Con el contraste de tu almohada blandita y fría.
Con quien añora secretamente tu compañía.
Con todo lo que es irracional.
Con los sueños, fieles profetas de residuos cerebrales.
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